viernes, 10 de julio de 2009

La primera mitad fue empate y la copa se define en Brasil

Estudiantes y Cruzeiro jugaron como se juegan las finales, y la lucha seguirá en Brasil. Faltan 90 minutos para que se sepa quién levantará la copa.

Pasó la primera mitad de la Final de la copa Libertadores. Y tanto Estudiantes como Cruzeiro nos hicieron notar que estamos ante un partido definitorio. Lo jugaron como una final, ni más, ni menos. Sin regalar nada, tratando de no cometer errores y desplegando estrategias para desequilibrar o para desacomodar al rival.

Primero hay que dedicar un párrafo aparte al marco, al escenario, a esa postal que regaló la gente de Estudiantes. Un estadio que a la hora de la aparición del equipo se transformó en un volcán que explotaba de pasión, con una gran nube de humo, papeles y sirenas que reflejaban que era la Final, no cualquier partido. Antes de esto hubo un espectacular show de luces con el estadio en penumbras, digno de nivel europeo.

Era de esperar que se de un partido de estas características, más allá de que está claro que los dos tienen material como para demostrar otra cosa. Pero ahora no, es la final y todo será para conseguir el mejor resultado posible. Así se planteó el partido, la lucha del estadio Ciudad de La Plata.

Estudiantes intentó tomar la iniciativa y pudo tener dos certezas ni bien comenzó el partido. Una fue que más allá de llegar al arco rival, era notorio que no le iba a ser fácil, porque los brasileños se agrupaban bien en el medio y atrás para cortar los circuitos de juego del Pincha. La otra certeza era que, tal como se esperaba, la defensa visitante era endeble si se la apuraba. Pero era complicado llegar a esa instancia.



Una típica final, hay que decirlo una y otra vez por más que se torne reiterativo. Además de esto, Estudiantes debía estar bien despierto porque es de público conocimiento que Wellington y Kléber te generan un dolor de cabeza ante la mínima ventaja que se les pueda otorgar.
Al local le costaba llegar, porque Cruzeiro era muy inteligente. Planteó muy bien el partido basándose en la tarea de incomodar a Estudiantes. Y si eso no era suficiente, no dudaban en cortar con infracciones, que por momentos eran en demasiada cantidad, pero Larrionda lo permitía. Los brasileños no llegaban, pero su tarea era que los albirrojos tampoco lo hagan. Y les salía bien.

Por ese lado se puede encontrar la explicación de las pocas llegadas del León. Pero pese a esto, Estudiantes tuvo varias claras y mereció ponerse al menos un gol arriba. En la primera parte, el arquero Fabio (la figura del partido) le tapó un mano a mano tremendo a Enzo Pérez, y una bolea formidable a Verón. Estudiantes pudo “poner de costado” dos veces a la defensa de Cruzeiro, pero estuvieron imprecisos tanto el mendocino Pérez como la Gata Fernández. Cruzeiro no llegó en la primera mitad y su estrella era “el uno”.

El complemento no cambió demasiado la postura, pero encontró a un Estudiantes más retrasado y con más imprecisiones. Menos ideas para lastimar, y siempre que logró llegar se encontró con el arquero brasileño (sacó un cabezazo de Desábato imposible). Cruzeiro siguió con su trabajo, y el “cortar con falta” era un recurso cada vez más útil.


Le salió bien el juego a los visitantes. Incomodaron a Estudiantes con mucha presión y con faltas que sirvieron para frenar avances peligrosos. Estuvo bien pensado por Adilson Batista, Cruzeiro jugó su partido. Y tuvo un par de llegadas en el final, principalmente un tiro de Kléber con medio arco vacío que se fue desviado al lado del palo. Casi se va con más de lo que buscó Cruzeiro, y hubo un suspiro en los 40 mil hinchas locales.

El empate es justo. Cruzeiro fue más inteligente y supo cortar el juego del Pincha. Pero Estudiantes fue quien más llegó y el portero visitante fue la figura. Y pese a ser el equipo de Sabella el que más oportunidades tuvo, los visitantes tuvieron la más clara. Los brasileños demostraron saber cómo cortar el juego, pero también quedó claro que atrás hacen agua.

Las emociones no aparecieron porque los dos jugaron como se juega una verdadera final. Anularon al rival, sufrieron, apretaron corrieron y metieron. Quedan 90 minutos que se jugarán en Brasil a todo o nada. Cada vez falta menos, y habiéndose jugado la primera mitad, no hay vencedores. Tampoco vencidos.